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viernes, 2 de abril de 2010

Saliendo de la invisibilidad


Saliendo de la invisibilidad  

                                por Marcelo Valko (*)

  Más allá del genocidio que se abatió sobre los pueblos originarios del Continente Americano, también podemos rastrear un largo historial de enfrentamientos de los imaginarios de unos y otras, tanto en cuestiones religiosas, legales, formas opuestas de concebir la temporalidad e incluso de terapéuticas opuestas. 

Tal enfrentamiento ideológico sumado al militar, buscó invisibilizar la presencia indígena a quienes se les negó hasta su misma condición humana. 

En su momento, refiriéndose a los prisioneros de la Campaña del Desierto, Sarmiento proponía quitarles la patria potestad a las madres salvajes:

“Dejarles los niños de diez años para arriba, por temor de que sufran con la separación, es perpetuar la barbarie, ignorancia e ineptitud del niño, condenándolo a recibir las lecciones morales y religiosas de la mujer salvaje. Hay caridad en alejarlos cuanto antes de esa infección”.

El “ilustre pedagogo” proponía apartar a los niños indígenas de la infección que perpetúa la barbarie, es decir apartarlos de su familia, de su comunidad. Algo de ese horror que no cesa, de esa practica de una sociedad que se supone superior sobre otra es lo que narra y pone de manifiesto La Bruma -Tatachiná- cuando las autoridades prácticamente secuestran al niño Julián para ser tratado médicamente en Buenos Aires con el desenlace que conocemos. 

En el choque del imaginario Occidental vs. el comunitario, el indígena, se concibe al Otro como menor de edad o un impedido mental, ese “niño grande” del que hablan tantos cronistas y que evidentemente para las autoridades no puede ejercer la patria potestad, ni gobernarse a si mismo, ni decidir sobre la vida de su familia ni de su comunidad.


 
   Películas como la de Acuña, que además de la belleza y contundencia de las imágenes, que jamás caen en el golpe bajo o panfletario, tienen enorme utilidad al denunciar la injusticia, al darle voz a quienes fueron arrinconados y condenados a la miseria en medio de un horizonte que ayer fue suyo.

   Existen brumas que impiden la visión, nieblas que ocultan, que nos hacen extraviar el rumbo. No es este el caso, aquí la ausencia se presentifica, la invisibilidad se esfuma en los juegos del humo del tabaco de las palabras-alma. Dejemos que La Bruma amorosa y curativa que propone Enrique Acuña, nos envuelva, nos conduzca y nos permite ver y acercarnos a un país enriquecido y fraterno con la cultura del Otro.-

(*) Marcelo Valko: Psicólogo (UBA). 
Profesor titular de la Cátedra “Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia” (Universidad Popular Madres Plaza Mayo). 

Autor de Los indios invisibles del Malón de la Paz, Pedagogía de la Desmemoria, entre otros ensayos.







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